Entre la no ficción y la invención, Jaguar, del escritor y periodista colombiano Santiago Wills —publicada originalmente por Random House en 2022 y reeditada en Chile por Vísceras Editorial en 2025—, despliega una arquitectura narrativa donde la autoría, la memoria y la violencia se entrelazan. En este texto, leído en la presentación del libro, Diamela Eltit desmenuza esta novela, en la que la escritura, las voces múltiples y la naturaleza selvática son espacios para pensar el horror, el poder y la persistencia de la ficción.
Por Diamela Eltit. Publicado en Palabra Pública: https://palabrapublica.uchile.cl/movimientos-agudamente-felinos/
Jaguar, del escritor y periodista colombiano Santiago Wills (Bogotá, 1988), editado en Chile por Vísceras Editorial (con sede en Concepción), es una novela construida a partir de un deslizamiento narrativo. La estrategia textual del autor se funda en el prólogo, donde se explicita cómo la obra se gesta a partir de una obligación simbólica. Un periodista recibe el legado de su colega, Horacio Quevedo, asesinado en el contexto de la guerrilla colombiana en 2013. La escritura del libro, según el prólogo que la antecede, obedece entonces al mandato de una víctima e impone la obligación de escribir de acuerdo a los apuntes reunidos por Quevedo, que investigó la trayectoria del comandante paramilitar Martín Pardo, más conocido como Jaguar.
¿Quién recibe el mandato de escribir? Precisamente el autor de la novela, Santiago Wills, que ingresa al texto como ficción de sí, como escritor fantasma de otro, como “parce” para cursar un relato del que va a desaparecer. La intervención del prologuista: personaje- autor anuncia una escritura que se desea de no ficción y así se despliega el escenario técnico de una construcción literaria.
El prólogo forma parte de la primera ficción de la novela, un recurso literario creativo por la inclusión del autor de la obra como personaje. Una firma que interviene para negar, según el orden del relato, la plena autoría mediante el uso del nombre propio. Así, con un significativo recurso literario se cursa una trama. Santiago Wills emerge como un doblaje, audaz y rotundo, para generar la ficción que escribe el otro de sí, el autor Santiago Wills, que se presenta como soporte para liberar el flujo de la novela desde un contexto que incluye nombres y espacios reales. Lo anterior obedece a un dispositivo necesario para establecer y profundizar la ficción. La técnica del prólogo y su realismo recuerda a Jorge Luis Borges, que ocupa, en alguno de sus relatos, sucesos históricos como sede para deconstruirlos y reconstruirlos como centro en sus ficciones.
Ya sabemos que la función y la posición del narrador o de los narradores representan una de las rotundas tareas literarias. En la novela de William Faulker El ruido y la furia, el narrador quizás más importante es Benjy, el discapacitado intelectual, quien porta el gran poder iluminador en el interior de la trama. El nombre “Jaguar” circula de forma también dual como Ronco, el jaguar americano domesticado por el paramilitar Martín Pardo. Este Ronco-jaguar se podría considerar, en cierto modo, el hijo de Martín o el padre, pues le da el apodo prestigioso al protagonista: Jaguar.
Ronco-jaguar inaugura el espacio narrativo. Se establece como personaje desde un narrador muy próximo mediante su estilo indirecto. Así, el narrador ingresa a la forma felina y sigue su recorrido de manera minuciosa, acudiendo a una cercanía visual que lo consigna, lo elabora y lo pone en movimiento, en un preciso paisaje selvático que le pertenece.

Más allá o más acá de las legítimas diferencias en torno al hacer literario, sigo pensando el poder de la escritura como su centro creativo. Desde luego no desestimo la rigurosidad de los argumentos, pero, desde mi perspectiva, es la escritura la que los valida y los dispara más allá de ellos mismos. De manera permanente recurro a la obra del autor mexicano Juan Rulfo en El llano en llamas y especialmente en su novela Pedro Páramo, porque consiguió establecer una poética hiperpoderosa, múltiple; generó voces mediante el manejo del habla de sus personajes, depositó el amor en los bordes y, lo más importante, le otorgó toda la dimensión estética que portan y pueblan las hablas populares. No buscó concordar con las academias de la lengua, sino más bien privilegió el viaje creativo, autoproducido por las lenguas regionales. Los muertos hablaron y dijeron lo que tenían que decir: “Yo también soy hijo de Pedro Páramo”.
Santiago Wills escribe. Lo que quiero señalar es que esta novela es una escritura poderosa que permite seguir las formas de la naturaleza que rodea el habitar. El jaguar animal se mimetiza con el jaguar humano: Martín. Comparten una conducta felina, defensiva. El poblado o los poblados están disponibles para la masacre siempre arbitraria, confusa. Y se actúa para construir la memoria del desastre. Las formas de la naturaleza alcanzan una simetría con la naturaleza humana como si compartiesen el mismo insondable lenguaje. Y las múltiples, irreprimibles pulsiones.
La figura de la madre, sus historias míticas, permiten el ingreso al peligro del jaguar Martín, quien entra al combate como si experimentara una prolongada alucinación que se repite después de tomar las armas como paramilitar. Lo hace, por qué no, para salir, viajar con el hermano, reprimir a la guerrilla y acostumbrarse a estar sin realmente formar parte integral de ningún escenario. Sin embargo, puede codificar su figura porque él sabe cómo responder ante los múltiples desafíos que le otorgan un importante liderazgo. Deja atrás sus constantes lecturas antiguas o es más bien por esas mismas lecturas que puede ser un comandante.
La estructura de la novela está conformada por capítulos-personajes. Es allí donde se despliega la novela, en la posición de las hablas, su riqueza cultural rítmica, la diversidad, los testimonios. El coro cierra el relato. Ya sabemos que su referencia, o quizás habría que decir una de sus referencias, es griega. Era allí, en ese enjambre de voces, donde intervenía el pueblo. En este coro selvático se superponen narradores, el yo, el tú, para narrarlo a él, a Martín, mediante el oficio de escribir. Así, la letra se despliega como soporte de la imaginación que se excede a sí misma para generar una novela.
Jaguar es en gran medida visual, opera con maestría y se proyecta sobre la gran pantalla síquica de cada uno de sus lectores.
Este texto fue leído en la presentación del libro, la que tuvo lugar el 30 de mayo en la Furia del Libro 2026.
